LECTIO DIVINA - SOLEMNIDAD DE PENTECOSTÉS 9 de junio

viernes 7 de junio de 2019

SOLEMNIDAD DE PENTECOSTÉS          9 de junio

  
El gran don pascual de Jesús es el Espíritu Santo. Para esto ha venido Él al mundo, para esto ha muerto y ha resucitado, para darnos su Espíritu.
De esta manera Dios cumple sus promesas: “Les daré un corazón nuevo, les infundiré un Espíritu nuevo”. Necesitamos al Espíritu Santo porque es “el Espíritu el que da la vida…”
El Espíritu Santo no solo nos da a conocer la voluntad de Dios, sino que nos hace capaces de cumplirla, dándonos la fuerza y la gracia.
Para recibir el Espíritu tenemos que acercarnos a Jesús, pues es Él quien lo comunica. Es necesario acercarnos a Él en la oración, en los sacramentos, sobre todo en la Eucaristía.
Jesús nos hace partícipes de la misión de anunciar la Buena Nueva que Él ha recibido del Padre, y lo hace comunicándonos la fuerza del Espíritu Santo, para reafirmar nuestra fe en la resurrección y para que, por nuestro testimonio, otros crean en Él: “Como el Padre me ha envia-do, así también os envío yo”
Celebrar Pentecostés es reconocer que toda nuestra vida está relacionada con Jesús, que es Él quien hace en nosotros su obra, que es Él quien nos capacita para la misión y nos da su gracia para dar testimonio y para anunciarlo en nuestro “aquí” y “ahora”.
El Espíritu Santo nada tiene que ver con la lentitud, la falta de energías, la pasividad, el des-aliento. Es impulso que nos hace testigos, enviados de Jesús para que el mundo lo conozca.
Pentecostés es una nueva oportunidad para que el Señor nos envíe su Espíritu para que nos  transforme, para que cambie nuestra vida y nos dé la valentía y la sabiduría de los primeros discípulos.

ORACION
Señor, danos la fuerza de tu Espíritu
para anunciar a Jesús como esperanza de todos los hombres,
como verdad que vence la mentira,
como paz y libertad que fundamentan la dignidad humana,
como vida que supera la muerte, el desamor y la opresión,
como amor y fraternidad que derrotan el odio y la violencia,
como única liberación, capaz de crear personas libres que aman
a todos, como lo hizo Jesús.

 Cantar:  Envíanos Padre, tu Espíritu Santo….

TEXTO BÍBLICO Jn. 20. 19-23    “Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos.    Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: Paz a vosotros. Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo.  Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos”.

 LECTURA: San Juan cuidó mucho la descripción de  la escena en que Jesús va a confiar a sus discípulos su misión. Quiere dejar bien claro qué es lo esencial. Jesús está en el centro de la comunidad llenando a todos de su paz y su alegría. Pero a los discípulos les espera una misión. Jesús no los convocó sólo para disfrutar de él, sino para hacerlo presente en el mundo.
Jesús los «envía». No les dice en concreto a quiénes han de ir, qué han de hacer o cómo han de actuar: «Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo». Su tarea es la misma de Jesús. No tienen otra: la que Jesús ha recibido del Padre. Tienen que ser en el mundo lo que ha sido él.
Ya han visto a quiénes se ha acercado, cómo ha tratado a los más desvalidos, cómo ha lle-vado adelante su proyecto de humanizar la vida, cómo ha sembrado gestos de liberación y de perdón. Las heridas de sus manos y su costado les recuerdan su entrega total. Jesús los envía ahora para que «reproduzcan» su presencia entre las gentes.

Pero Jesús  sabe que sus discípulos son frágiles. Más de una vez ha quedado sorprendido de su «fe pequeña». Necesitan su mismo Espíritu para cumplir su misión. Por eso, se dispone a hacer con ellos un gesto muy especial.   No les impone sus manos ni los bendice, como hacía con los enfermos y los pequeños: «Exhala su aliento sobre ellos y les dice: Recibid el Espíritu San-to».
El gesto de Jesús tiene una fuerza que no siempre sabemos captar. Según la tradición bíblica, Dios modeló a Adán con «barro»; luego sopló sobre él su «aliento de vida»; y aquel barro se convirtió en un «viviente». Eso es el ser humano: un poco de barro, alentado por el Espíritu de Dios. Y eso será siempre la Iglesia: barro alentado por el Espíritu de Jesús.
Creyentes frágiles y de fe pequeña: comunidades de barro… Sólo el Espíritu de Jesús nos convierte en Iglesia viva.
Las zonas donde su Espíritu no es acogido, quedan «muertas». Y esto nos hace daño a todos, pues nos impide actualizar la presencia viva de Jesús. Muchos no pueden captar en nosotros la paz, la alegría y la vida renovada por Cristo.
No hemos de bautizar sólo con agua, sino infundir el Espíritu de Jesús. No sólo hemos de hablar de amor, sino amar a las personas como las amaba él.

MEDITACION    Con frecuencia seguimos a Jesús, lo acogemos, pero nos resulta difícil abandonarnos a Él con total confianza, dejando que el Espíritu Santo anime, guíe nuestra vida, en todas las decisiones. Tenemos miedo a que Dios nos lleve por caminos nuevos, nos saque de nuestros horizontes con frecuencia limitados, cerrados, egoístas, para abrirnos a los suyos.
La novedad que Dios trae a nuestra vida es lo que realmente nos realiza, lo que nos da la verdadera alegría, la verdadera serenidad, porque Dios nos ama y siempre quiere nuestro bien.
    ¿Estamos abiertos a las “sorpresas de Dios”?
    ¿O nos encerramos, con miedo, a la novedad del Espíritu?
    ¿Estamos decididos a recorrer los caminos nuevos, que la novedad  del Espíritu pre-senta o nos atrincheramos en estructuras caducas, que han perdido la capacidad de respuesta?
A veces parece que se repita hoy lo que sucedió en Babel: divisiones, rivalidad, envidia, egoísmo… Preguntémonos:
    ¿cómo nos dejamos guiar por el Espíritu Santo, para que nuestro testimonio de fe, sea de unidad y comunión?
    ¿Llevamos la palabra de reconciliación y amor, que es el Evangelio, a los lugares donde vivimos?
Llevar el Evangelio es proclamar y vivir la reconciliación, el perdón, la paz, la unidad, el amor que el Espíritu Santo nos da.
    ¿Nosotros,  qué hacemos con nuestra vida?
    ¿Avivamos la unidad a nuestro alrededor o dividimos con las críticas, la envidia, el desamor…?

ORACION
     
•    Ven Espíritu Santo y enséñanos a invocar a Dios  con ese nombre entrañable de “Pa-dre” que nos enseñó Jesús.
•    Ven Espíritu Santo y haznos caminar en la verdad de Jesús.  Sin tu luz y tu aliento, ol-vidaremos su Proyecto del reino de Dios.
•    Ven Espíritu Santo y enséñanos a anunciar la Buena Noticia de Jesús.
•    Ven Espíritu Santo y aumenta nuestra fe para experimentar  la fuerza de Jesús en el centro mismo de nuestra debilidad.
•    Ven Espíritu Santo, transforma nuestros corazones y conviértenos a Jesús.
•    Si cada uno de nosotros no cambia, nada cambiará en su Iglesia.
•    Ven Espíritu Santo y defiéndenos del riesgo de olvidar a Jesús.
•    Atrapados por nuestros miedos e incertidumbres, no somos capaces de escuchar su voz ni sentir su aliento.

CONTEMPLACIÓN  

     El Espíritu es el regalo que el Padre nos hace a los creyentes para llenarnos de vida.
     EL Espíritu nos enseña a saborear la vida en toda su hondura, a no malgastarla, a no pasar superficialmente junto a lo esencial…
     El Espíritu nos abre a una comunicación nueva y más profunda con Dios, con nosotros mismos y con los demás.
     El Espíritu nos libra del vacío interior y la soledad y nos devuelve la capacidad de dar y recibir, de amar y ser amados.
     El Espíritu nos enseña a estar atentos a todo lo bueno y sencillo, con una atención fra-terna a quien sufre porque le falta la alegría de vivir.
     El Espíritu nos hace renacer cada día a pesar del desgaste, del pecado y del deterioro del vivir diario.
     El Espíritu es la vida misma de Dios que se nos ofrece como don. Es un regalo de Dios.
     El Espíritu prepara tu corazón para acogerlo con fe sencilla y gratitud.

ACCION
     Repite con frecuencia desde el fondo de tu corazón: ¡Soy tu enviado Señor, envíame donde quieres que anuncie tu Buena Noticia!
     Profundiza en tu identidad de nacido del Espíritu en el bautismo y sus implicancias en tu vivir de cada día.
     Proponte extender en tu ambiente el fruto espiritual del perdón y la paz.
     Evangelizar y anunciar a Jesús genera alegría. Trasmite y da testimonio de la novedad, la esperanza y la alegría que el Señor trae a la vida.