LITURGIA SEMANAL 1ª SEMANA DURANTE EL AÑO

sábado, 11 de enero de 2020

1ª SEMANA DURANTE EL AÑO


Lunes 13  de enero
Marcos 1,14-20     Jesús comenzó su ministerio en Galilea anunciando la buena noticia y diciendo: “Se ha cumplido el tiempo y el Reino de Dios ya está cerca. Conviértanse y crean en el Evangelio” 

Jesús anunció que el Reino de Dios había comenzado con su venida al mundo, porque él mismo es la Buena Noticia de Dios en persona. La Buena Nueva consiste en que Jesucristo, el Hijo de Dios, se hizo hombre para rescatarnos del poder de las tinieblas, del pecado y de la muerte.  Él pagó personalmente el precio de nuestro rescate muriendo en la cruz y resucitándonos a la vida nueva.
Jesús les dijo a varios de sus discípulos: “Síganme y haré de ustedes pescadores de hombres” Esta invitación al discipulado debe haber sido emocionante, pero a la vez motivo de preocupa-ción, porque Jesús les pedía que dejaran todo lo conocido  … para seguirlo a él.  La respuesta de estos discípulos fue inmediata y completa. Lo dejaron todo para seguir a Jesús, y ciertamente llegaron a ser pescadores de hombres.  Hoy, Jesús nos llama a cada uno de nosotros y nos invita a ser discípulos suyos. Quizás esto nos cause inquietud también, porque no sabemos a qué tendremos que renunciar, pero Jesús nos ha prometido estar siempre con nosotros Todo lo que nos pide es que le digamos “sí” cada día. Así, con la fuerza del Espíritu Santo, también podremos llegar a ser pescadores de hombres.
“Señor Jesús, me entrego a ti sin reservas para que me sanes. Te recibo en mi corazón y te doy el ‘sí’ a tu invitación a seguirte y a traer a otros para que te conozcan, te amen y te sirvan.”

Martes 14 de enero
Marcos 1,21-28  “Les enseñaba como quien tiene autoridad”

El evangelista Marcos relata que Jesús, siendo aquel día un sábado, fue inmediatamente a la sinagoga y se puso a enseñar. Al llegar a Cafarnaún, Jesús no posterga el anuncio del Evange-lio, no piensa primero en la disposición logística, ciertamente necesaria, de su pequeña comu-nidad, no se detiene en la organización. Su preocupación principal es la de comunicar la Palabra de Dios con la fuerza del Espíritu Santo. Y la gente en la sinagoga permanece asombrada, porque Jesús «les enseñaba como quien tiene autoridad y no como los escribas».
¿Qué significa «con autoridad»? Quiere decir que en las palabras humanas de Jesús se sentía toda la fuerza de la Palabra de Dios, se sentía la misma autoridad de Dios, inspirador de las Sagradas Escrituras. Y una de las características de la Palabra de Dios es que realiza lo que dice. Porque la Palabra de Dios corresponde a su voluntad. Todo esto debe hacernos pensar en la primacía de la Palabra de Dios, Palabra que hay que escuchar, Palabra que hay que acoger, Palabra que hay que anunciar.  (Papa Francisco).

Miércoles 15 de enero
Marcos 1,29-39 “Sanó a muchos enfermos que sufrían diversos males”

Jesús llegó a Cafarnaúm y proclamó la venida del Reino de Dios. Enseñaba con autoridad, curaba a los enfermos y expulsaba a los malos espíritus, mostraba la misericordia de Dios, e inauguraba el amanecer de la nueva era de la salvación. Para los que respondían con fe, el Reino vino a ser una experiencia personal que les llevaba a vislumbrar la gloriosa transforma-ción de toda la creación al final de los tiempos.
El entendimiento que tenían los discípulos de la verdadera Persona de Jesús era limitado; con todo, bastó decirle que la suegra de Simón se encontraba enferma con fiebre para que él res-pondiera sin demora; la fiebre cedió ante su toque sanador. Jesús el Señor vino a traer la sal-vación y hacer revivir a todos los que estaban postrados bajo el peso del pecado. Al final del día de curaciones y exorcismos, Jesús hizo enmudecer a los demonios, que reconocían su verdadera identidad y se retiró de la multitud, pero los discípulos no lograban entender que él era en efecto el Mesías de Dios. Muchos se sentían maravillados al ver los milagros del nuevo profeta, pero no lograban entender cuál era su misión. En su constante oración, Cristo recibía fuerzas para cumplir la voluntad de su Padre y no dejarse manipular por la multitud, que de-seaba ver un Mesías político o militar. Pero los que sí aprendieron a reconocerlo como el Siervo sufriente, humillado en la cruz y resucitado victorioso sobre el pecado, pudieron proclamarlo Señor y Mesías. “Padre eterno, queremos buscar tu presencia divina, para que tu Espíritu Santo nos revele la persona y la misión de Jesús. Señor mío Jesucristo, sana mi espíritu quebrantado, y ayúdame a aceptar dócilmente tu poder sanador.”

Jueves 16 de enero
Marcos 1.40-45  “La lepra desapareció y quedó purificado”

Hoy Jesús se encuentra con un leproso. Llama la atención que no se dice que Jesús lo cura sino que lo purifica. El leproso vivía fuera de las ciudades, generalmente en cuevas y tenía que colgarse una campana y gritar que era leproso.     Jesús no pasa de largo sino que ante el pe-dido del leproso lo purifica. Esta purificación es mucho más honda y profunda de lo que uno puede interpretar. Jesús al purificarlo lo sana internamente y le cambia la mirada, tanto a él como a los demás. A partir de ahora su vida ya no será el anonimato de una impureza social, sino el protagonismo de una vida con nombre y apellido, una vida ya no más marginal sino una vida integrada.   Nosotros también podemos pensar en nuestras propias vidas; cuántas veces nos hemos sentido anónimos. Sin embargo hacemos experiencia de un Dios amor que en Jesús nos saca de ese anonimato. Para Dios nosotros tenemos nombre y algo mucho más profundo, somos dignos, somos hijos. Nos basta saber que somos hijos de Dios para saber que nuestra vida vale y que estamos llamados a descubrir y desarrollar nuestra propia originalidad y voca-ción. Vivamos así, con total libertad. Hagámonos cada vez más libres para poder amar y amar-nos los unos a los otros.

Viernes 17 de enero   San Antonio Abad   (MO)
Marcos 2,1-12  “El Hijo del hombre tiene sobre la tierra el poder de perdonar los pecados”

El  pasaje evangélico de hoy relata cómo Jesús sanó al paralítico que unos amigos le trajeron.
Y pone de relieve la oposición de las autoridades religiosas a la revelación de la identidad de Jesús. Los escribas y los fariseos, aferrados a sus propias ideas, se negaron a reconocer la compasión y el amor de Dios en Cristo y por eso se privaron de experimentarlos.
Hay varios puntos de conflicto que surgieron entre Jesús y los jefes durante el curso de esta curación. El primero sucedió cuando Jesús declaró que los pecados del hombre quedaban per-donados. Esa era una potestad exclusiva de Dios. Pero Jesús se presentó como “Hijo del hom-bre” con autoridad para perdonar los pecados. Los judíos de ese tiempo entendían que la frase bíblica “ Hijo del hombre” se refería al Mesías, que vendría a inaugurar el Reino de Dios. Jesús se identificó claramente con esta figura mesiánica, para comenzar a revelar su identidad y preparar al pueblo para la obra que realizaría mediante su pasión, muerte y resurrección.
La respuesta de la gente ante la curación del paralítico fue totalmente distinta al rechazo de los escribas: La multitud se maravillaba y glorificaba a Dios diciendo “Nunca hemos visto una cosa así” y muchos se hicieron discípulos del Señor.
“Señor, por el poder de tu Espíritu Santo, concédeme la gracia de ver más claramente la realidad de Cristo. Cúrame de los antiguos conceptos que limitan mi entendimiento acerca de tu plan de salvación.”

Sábado 18  de enero
Marcos 2,13-17  “No he venido a llamar justos sino a pecadores”

En el Evangelio de hoy, Leví, el recaudador de impuestos, se encuentra con Jesús y se hace discípulo en pleno ejercicio de su profesión “mundana”. En todas las profesiones se puede seguir fielmente a Cristo como creyente y discípulo. No pensaban así los fariseos, que le reprocharon al Señor que comiera “con publicanos y pecadores.” Para los fariseos, ciertos oficios eran incompatibles con la rígida religiosidad judía, porque impedían observar el sábado y otras leyes.  Para Jesús no hay profesiones que impidan el discipulado cristiano. Lo que lo obstaculiza es creerse justo y sano, o sea, no sentir necesidad de la salvación. Cristo vino a salvar y sanar a los pecadores, los enfermos, y lo hace pasando tiempo con ellos, sin excluirlos, ni condenarlos.
“Todos somos pecadores, todos hemos pecado. Llamando a Mateo, Jesús muestra a los pecadores que no mira su pasado, la condición social, las convenciones exteriores, sino que más bien les abre un futuro nuevo. Una vez escuché un dicho bonito: «No hay santo sin pasado y no hay pecador sin futuro». Esto es lo que hace Jesús. No hay santo sin pasado, ni pecador sin futuro. Basta responder a la invitación con el corazón humilde y sincero. La Iglesia no es una comunidad de perfectos, sino de discípulos en camino, que siguen al Señor porque se reconocen pecadores y necesitados de su perdón. La vida cristiana, entonces, es escuela de humildad que nos abre a la gracia”  (Papa Francisco)

Domingo 19 de enero     (2º durante el año)
Juan 1,29-34  “Este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”

Juan Bautista,  reunido con sus discípulos les  relata todo lo que ha visto y experimentado en el bautismo de Jesús, cómo se había cumplido la promesa de Dios de un Mesías liberador, el Salvador, Camino, Verdad y Vida. Juan reconoce que su bautismo era de conversión, un bau-tismo en el agua, pero vino alguien más grande, más poderoso que él: y se refiere a Jesús que bautiza en el fuego y el Espíritu Santo. Ese es el bautismo que nos da la identidad de ser hijos de Dios, de ser creyentes, de ser cristianos, de ser otros cristos en el mundo.
Claramente Juan reconoce su misión y sobre todo anuncia lo que experimentó concretamente en su vida: cómo el Espíritu Santo descendió sobre Jesús, cómo permaneció y él da testimonio de lo que ha vivido de lo que ha experimentado.
Juan bautista señala el camino a los creyentes. Todos aquellos que buscan al Señor siempre necesitan de un Juan Bautista, de alguien que les señale a quién deben seguir, a quién deben imitar. Juan Bautista lleva a plenitud su misión, señalando el camino a otros, en donde deben seguir las huellas del Maestro, de Jesús.
Pidámosle al Señor que también nosotros podamos reconocer en Jesús al Cordero de Dios, y podamos señalar el camino a tantos hermanos que necesitan encontrarse con el Señor, así como a nosotros alguien nos mostró también ese camino.