El día jueves 4 de julio de 2019 | Equipo de Comunicación

LITURGIA SEMANAL - 14º SEMANA DURANTE EL AÑO

14º  SEMANA DURANTE EL AÑO

Lunes  8 de julio
Mateo 9,18-26 Ten confianza, hija, tu fe te ha salvado”.

La hija del jefe de la sinagoga y la mujer enferma de hemorragias, eran personas totalmente marginadas. El hecho de que Jesús curara a una mujer y reviviera a otra —personas que no tenían importancia alguna en la sociedad— es una clara evidencia que los valores del Señor, en cuanto a quiénes son importantes, son muy diferentes de los del mundo.
En estos relatos, vale la pena destacar que, aparte de la importancia que el Señor atribuía a los postergados y los menos privilegiados, la curación que recibieron las dos mujeres, dependió también de la fe con que el padre, en el caso de la niña, y la propia enferma, acudieron a Jesús. Los dos lo hicieron con la plena certeza de que Jesús no era un mero mortal y que él tenía acceso al poder de Dios.
Es cierto que se acercaron a Cristo por el interés de obtener algo muy urgente, pero eso no desmerece el hecho de que antes de acudir al Señor, creyeron que él era realmente el envia-do de Dios para salvar a su pueblo.
 “Señor Jesús, tú eres el Mesías de Dios que da vida a todos los de tu pueblo, por grandes o pequeños que sean. Confiamos en tu promesa y nos acogemos a ti con toda nuestra fe.”

Martes 9 de julio  Nuestra Señora de Itatí. (MO)
Lucas 1,39-47 Dichosa tú, que has creído, porque se cumplirá cuanto te fue anunciado de parte del Señor!

El texto que hoy leemos pone en claro las dos actitudes más características de María: su ser-vicio y su fe. Dice Lucas que María va de prisa, movida por la caridad, para ofrecer a Isabel la ayuda que necesita y para compartir con ella la alegría que cada una, a su modo, ha tenido de la generosidad de Dios. María va de prisa, no para comprobar las palabras del ángel, pues ella cree en lo que se le ha dicho sobre Isabel; va a ayudar Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! es el saludo de Isabel a María.   Isabel proclama a María: ¡Bienaventurada tú, que has creído! Es la primera bienaventuranza del Evangelio, que Jesús confirmará des-pués, cuando diga: ¡Bienaventurados los que oyen la palabra de Dios y la llevan a cumplimiento¡
Pocos títulos atribuidos a María expresan mejor que éste la función tan excepcional que le tocó desempeñar dentro del plan de salvación: María es la creyente, “modelo” de todo cre-yente. Por eso es la llena de gracia, la Madre del Salvador, y también la Madre y figura de la Iglesia, comunidad de los creyentes.
Al oír las palabras de Isabel, María dirigió la mirada a su propia pequeñez, y luego a la gene-rosidad de Dios y entonó un canto de alabanza: “Celebra mi ser la grandeza del Señor”...

Miércoles 10 de julio
Mateo 10,1-7  A lo largo del camino proclamen: ¡El Reino de los Cielos está ahora cerca!

Jesús, habiendo afirmado que la cosecha era abundante pero los obreros pocos, reunió a sus doce discípulos para enviarlos como misioneros.  El Señor comenzó sus instrucciones confi-riendo a los apóstoles la capacidad de expulsar espíritus malignos y curar enfermedades. De esta manera, los discípulos tendrían un medio para demostrar que el mensaje de Cristo era auténtico y eficaz.
Jesús ejercía su autoridad demostrando un amor que era capaz de salvar. A diferencia de los gobernantes de sus días, Jesús venía a servir, no a ser servido; a dar su vida para que los pecadores nos reconciliáramos con el Padre.  Esta actitud de humildad y amor era la fuente de la autoridad de Cristo, es decir, aquello que le confería el derecho de ejercer el poder tal como él lo hacía.
El Padre desea que invoquemos el Nombre de Jesús y le pidamos un corazón dispuesto a amar y servir, semejante al Corazón de Cristo.
“Padre celestial, ayúdanos a ser compasivos y misericordiosos cuando tratemos de ayudar a los necesitados. Por tu Espíritu Santo, concédenos fortaleza para actuar con la misma compasión que Jesús tuvo con nosotros al morir en la cruz y devolvernos tu amistad.”

Jueves 11 de julio  San Benito Abad (MO)
Mateo 10,7-15  Vayan y proclamen por el camino que ya se acerca el Reino de los cielos.

El Señor dio a sus discípulos las siguientes instrucciones como señales de la venida del Reino de Dios: “Curen a los leprosos y demás enfermos; resuciten a los muertos y echen fuera a los de-monios”. Pero ¿cómo iban a poder hacer todo eso? La respuesta está en lo que el Señor de-clara en el Evangelio: “No teman…Yo estaré con ustedes hasta el fin de los tiempos”. En efecto, el Reino de los cielos es para los que confían en el Padre celestial con la sencillez de un niño; es decir, el Reino es accesible para quienes tengan una fe bien definida y una confianza ilimitada.  ¿Cuáles son las señales de este nuevo Reino? Que muchos renuncien al pecado y comiencen a ser tolerantes y bondadosos con sus semejantes; que sus seguidores reflejen en sus vidas las actitudes de Jesús: el amor, la compasión, la bondad y la mansedumbre.     El Reino de Dios no es menos real hoy que cuando Jesús envió por primera vez a sus discípulos a evangelizar, y Cristo sigue estando presente entre nosotros, para hacer realidad sus planes, tanto en sus fieles como a través de ellos. Por eso, si nos acercamos al Señor con la confianza de un niño, el Señor podrá usarnos para llevar el perdón a los pecadores, esperanza a los desanimados y salud a los enfermos.
“Amado Jesús, te damos infinitas gracias porque nos has permitido ser hijos adoptivos del Padre celestial y porque has traído el Reino de los cielos al mundo de los humanos. Concédenos tu gracia, Señor, para experimentar el gozo de vivir en tu Reino.”

Viernes 12 de julio   
Mateo 10,16-23 “Ustedes serán odiados por todos a causa de mi Nombre, pero aquel que persevere hasta el fin se salvará”.
 
Hay un claro intervalo de tiempo antes de que vuelva el Hijo del Hombre. Pero los discípulos de Jesús no estarán enteramente solos y podrán confiar en el Espíritu Santo, enviado por el Padre, sin importar los problemas que surjan. Los discípulos tendrán que darse maña cuando empiecen las persecuciones y, como San Pablo, querrán dar una cuenta convincente de la creencia en la cual han basado sus vidas. En este tema, particularmente, confiarán en que el Espíritu Santo sea su abogado. Y Jesús sabe bien que la hostilidad, o falta de apoyo, puede ocurrir incluso en su círculo más íntimo: Él mismo fue traicionado por uno de ellos.
A menudo luchamos con la oposición, cuando tratamos de vivir una honesta vida cristiana, y con la creciente duplicidad que parece rodearnos. Así, hacemos bien al escuchar las palabras de Jesús sobre las ovejas en medio de los lobos, y la necesidad de saber cómo ser a la vez sabios y prudentes. Jesús sabe todo eso, y sin embargo nos envía a llevar el Evangelio a este difícil mundo. Pero también nos promete su ayuda, y nos pide que no nos preocupemos.  Esto sólo tiene sentido si lo estamos haciendo “por su causa”. Estamos siendo sus discípulos, siguiéndolo por el camino que Él ya ha trazado. Pidamos la gracia de la fortaleza hasta el fin, para nosotros y para los que sufren siendo testigos de Jesús.
 “Señor, Espíritu Santo, nos  entregamos por completo a tu protección. Concédenos la capacidad de confiar en ti para anunciar y defender el Evangelio, sin importar el costo. Ayúdanos, Señor, a dar fiel testimonio de Cristo en todas las situaciones de nuestra  vida.”

Sábado 13 de julio
Mateo 10,24-33  “El discípulo no es más que el maestro, ni el criado más que su señor. Le basta al discípulo ser como su maestro”.

Cuando Jesús preparaba a sus discípulos para el trabajo misionero, quiso fortalecerlos para realizar su obra, porque sabía  que estarían expuestos a la crítica, al rechazo e incluso al odio y a la muerte. Se trataba de anunciar que el Reino de Dios había llegado y que había que cambiar de actitud, abandonar el egoísmo y el juicio, y adoptar el amor, el perdón y la tole-rancia, y  considerar que todos los demás también son hijos de Dios y que el Señor quiere que se salven.  Si queremos ser testigos eficaces del poder de Jesús, debemos ser honestos en reconocer lo mucho que dependemos de Él, porque separados de Él, nada podemos hacer. Y al dar testimonio, las palabras que decimos, no son tan importantes  como la actitud y el amor con que las decimos.
El evangelizador, para ser testigo de Cristo tiene dos caminos esenciales que recorrer: la búsqueda de la santidad personal y el deseo de trabajar con dedicación y alegría para que otros lleguen a conocer a Jesús y  se salven.
“Espíritu Santo, , escudriña nuestro corazón y enséñanos a reconocer la oscuridad del alma; permite que tu luz brille en nuestras tinieblas interiores y nos libre de toda maldad, para que así compartamos con nuestros semejantes la buena noticia de la reconciliación.”

Domingo 14 de julio      (15º durante el año)
Lucas 10,25-37 «Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó y cayó en manos de unos ladrones, que lo despojaron de todo, lo hirieron y se fueron, dejándolo medio muerto.   

En el Evangelio de hoy leemos la parábola del Buen Samaritano. Un doctor de la ley pregunta: “¿Qué tengo de hacer para heredar la vida eterna?” La respuesta, tanto del doctor como de Jesús, ayuda a comprender el objetivo de la Ley de Dios. «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con todo tu espíritu, y a tu prójimo como a ti mismo.»  Luego viene la segunda pregunta: “¿Quién es mi prójimo?” Y Jesús narra la parábola del Buen Samaritano, que al a un herido tirado en el camino, “sintió compasión”. Se acercó, le vendó las heridas, las ungió con aceite y de vino; luego lo cargó sobre su cabalgadura, lo llevó a un albergue y pagó el hospedaje por él... En definitiva, se hizo cargo de él: es el ejemplo del amor al prójimo. Y Jesús pregunta: ¿Cuál de los tres – sacerdote, levita, samaritano - te parece que se portó como prójimo del hombre asaltado por los ladrones?” La condición del prójimo no depende de la raza, del parentesco, de la simpatía, de la cercanía o de la religión. La humanidad no está dividida en prójimo y no prójimo. Para saber quién es tu prójimo, depende que llegues, veas, te muevas a compasión y te acerques. Si te aproximas y te acercas, el otro es tu prójimo!   Pero, ¿por qué Jesús elige a un samaritano como protagonista de la parábola? Porque los samaritanos eran despreciados por los judíos. Sin embargo, Jesús muestra que el corazón de ese samaritano es bueno y generoso y que —a diferencia del sacerdote y del levi-ta— él pone en práctica la voluntad de Dios, que quiere la misericordia más que los sacrificios. (Papa Francisco)